Autobiografía de un perro.
AUTOBIOGRAFÍA DE UN PERRO
Ya que estamos descansando
aquí solos, le voy a contar mi vida en pocas palabras. No habrá habido muchos
perros tan desgraciados como yo. Nací en una casa vieja y sucia, en medio del
campo. Nada de particular, como usted ve. Soy hijo de un galgo y una perra
vagabunda de pelaje vulgar, de andar vulgar; eso es todo. Lo que pasa es que suelo
comprender bastante bien al mundo y a los hombres. Y perdone usted la
inmodestia. Pero volvamos a lo que iba. Un día, siendo todavía pequeñito, me
fui hasta la carretera. Yo no tenía aún
experiencia de lo que era un automóvil. Y la experiencia de lo que es la
velocidad de los coches nos ha costado bastante a los perros. Estábamos, por
ejemplo, tendidos en medio de la calle o de un camino; venía un coche de caballos,
o un carro y nosotros, al verlo venir de lejos, calculábamos el tiempo que
disponíamos para levantarnos sin prisas y dejar el paso libre. Con los
automóviles era otra cosa. Apenas los habíamos visto cuando ya estaban encima
de nosotros. Así que hubo muchas muertes y desgracias antes de que lográramos
adquirir una noción clara de lo que era la nueva velocidad. A mí, pobre perrito
de pueblo, me costó una pata; un automóvil, que se precipitó velozmente sobre
mí, me la magulló. Me quedé cojo.
Mi amo era un guarda
jurado. ¿Qué le he de decir a usted de los guardas jurados? Los guardas jurados
son los representantes primarios y más violentos de la autoridad. Y de eso sí
que tuve yo experiencia desde el primer momento. Sin embargo, a un guarda
jurado le debo yo todas mis ideas sobre el mundo, el hombre y la sociedad. Un
día salimos al monte el guarda jurado y yo; apenas estuvimos en la montaña, el
guarda empezó a tirarme piedras; yo creía que era una broma; pero él seguía
apedreándome y me decía que me marchase; yo no comprendía por qué; pero él me
dijo que no quería un perro cojo y me tiró otra piedra más grande aún. Así que
yo mismo decidí marcharme. Y me fui, poco a poco, llorando. Los perros, sí
señor, también lloramos. Me fui volviendo de cuando en cuando la cabeza. Me fui
a la ciudad, y aquí comenzó la etapa más importante de mi vida.
Azorín.
Comentarios
Publicar un comentario