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Mostrando las entradas de octubre, 2021

HISTORIA DE UN PETIRROJO

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  HISTORIA DE UN PETIRROJO Era primavera y una pareja de pequeños pajaritos buscaban un buen sitio para hacer un nido. Volando, llegaron a un monte donde estaban crucificando a un hombre. La pajarita le dijo a su pareja: - ¿No te da pena ese hombre? Mira qué corona de espinas le han puesto. Me da mucha tristeza. Mira cómo esa espina que tiene en la frente le hace mucho daño, cómo brota sangre. Voy a quitársela. Su pareja le contestó: -Ya sé que es terrible su situación, pero es mejor que no vayas. No sabes lo que pueda pasar. Pero la pajarita no le hizo caso e intentó quitarle la espina. A pesar de que empleaba toda su energía, su pequeño piquito le dificultaba el esfuerzo. Al final, consiguió quitarle la espina al hombre y regresó al lado de su compañero. Cuando llegó junto a su pareja, él le dijo: - Mira cómo estás. Te has llenado el pecho de sangre. Ella preguntó muy preocupada: - ¿Y, ahora qué hago?, ¿cómo limpio mi pecho? Su compañero le respondió: -Hay un río más ab...

Miera

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Autobiografía de un perro.

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  AUTOBIOGRAFÍA DE UN PERRO Ya que estamos descansando aquí solos, le voy a contar mi vida en pocas palabras. No habrá habido muchos perros tan desgraciados como yo. Nací en una casa vieja y sucia, en medio del campo. Nada de particular, como usted ve. Soy hijo de un galgo y una perra vagabunda de pelaje vulgar, de andar vulgar; eso es todo. Lo que pasa es que suelo comprender bastante bien al mundo y a los hombres. Y perdone usted la inmodestia. Pero volvamos a lo que iba. Un día, siendo todavía pequeñito, me fui hasta la carretera.   Yo no tenía aún experiencia de lo que era un automóvil. Y la experiencia de lo que es la velocidad de los coches nos ha costado bastante a los perros. Estábamos, por ejemplo, tendidos en medio de la calle o de un camino; venía un coche de caballos, o un carro y nosotros, al verlo venir de lejos, calculábamos el tiempo que disponíamos para levantarnos sin prisas y dejar el paso libre. Con los automóviles era otra cosa. Apenas los habíamos visto...

El niño ladrón y su madre

  EL NIÑO LADRÓN Y SU MADRE Esopo   Un niño robaba en la escuela los libros de sus compañeros y, como si tal cosa fuese buena, se los llevaba a su madre, quien, en vez de corregirlo, aprobaba su mala acción. En otra ocasión robó un reloj que asimismo entregó a su madre. Ella también aceptó el robo. Así pasaron los años y el joven se transformó en un ladrón peligroso. Mas un día, cogido en el momento de robar, le esposaron las manos a la espalda y lo condujeron a la cárcel, mientras su madre lo seguía, golpeándose el pecho. El ladrón llamó a su madre para decirle algo al oído, pero al acercarse el hijo, de un mordisco, le arrancó el lóbulo de la oreja. Recriminando la madre su acción, le dijo: –¡No conforme con tus delitos, terminas por herir a tu propia madre! A lo cual el hijo replicó: –Si la primera vez que te llevé los libros que robé en la escuela me hubieras corregido, hoy no me encontraría en esta...

El rey y los pícaros.

  CUENTO XXXII EL REY Y LOS PÍCAROS Autor: Don Juan Manuel Una vez el conde Lucanor le dijo a Patronio, su consejero: -Patronio, un hombre me ha venido a proponer una cosa muy importante y que dice me conviene mucho, pero me pide que no lo diga a ninguna persona por confianza que me inspire, y me encarece tanto el secreto que me asegura que si lo digo toda mi hacienda y hasta mi vida estarán en peligro. Como sé que nadie os podrá decir nada sin que os deis cuenta si es verdad o no, os ruego me digáis lo que os parece esto. -Señor conde Lucanor -respondió Patronio-, para que veáis lo que, según mi parecer, os conviene más, me gustaría que supierais lo que sucedió a un rey con tres granujas que fueron a estafarle. El conde le preguntó qué le había pasado. -Señor conde Lucanor -dijo Patronio-, tres pícaros fueron a un rey y le dijeron que sabían hacer telas muy hermosas y que especialmente hacían una tela que sólo podía ser vista por el que fuera hijo del padre que le atri...

El león y el perrito.

  El león y el perrito           León Tolstoi En un jardín zoológico de Londres se mostraban las fieras al público a cambio de dinero o de perros y gatos que servían para alimentarlas. Un hombre que deseaba verlas y que no tenía dinero para pagar la entrada, atrapó al primer perrito callejero que encontró y lo llevó a la Casa de Fieras. Le dejaron pasar e inmediatamente echaron al perro a la jaula del león para que este se lo comiera. El perrito, asustado, se hizo un ovillo en un rincón de la jaula y el león se acercó para olfatearlo. Entonces el perro se puso patas arriba y empezó a menear la cola. El león lo tocó ligeramente con la garra y el perrito se levantó, se sentó sobre sus patas traseras y lo miró. El león lo examinó, moviendo su enorme cabeza, y se alejó de él sin hacerle el menor daño. Al ver que el león no se comía al perrito, el guardián de la jaula le echó un pedazo de carne. El león apartó un trozo y se lo dio al perr...

El detective

  UN DETECTIVE             Alonso Cueto      Un detective está sentado en su oficina leyendo el periódico. El día es frío, las paredes están desteñidas y un olor a humedad avanza desde el suelo.      De pronto alguien aparece. Es una mujer de traje rojo, pelo negro largo y maquillaje exquisito; está entrando a su oficina. La mujer se presenta como la señora Pérez y le explica que es muy desdichada. “Creo que mi esposo me es infiel”, dice.      Es lo común. Un caso como otros. El detective le habla de sus honorarios. Ella los acepta. Le pide datos sobre el marido. Ella se los da. Fotos, dirección del trabajo, lugares donde acostumbra estar. Más tarde en la casa, el detective le habla del asunto a su esposa, Frida. Están viendo televisión. Ella asiente vagamente mientras él habla. Como si le estuviera siguiendo la corriente. El detective sabe que algunos problemas l...

El lobo

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Un día de estos

  UN DÍA DE ESTOS Gabriel García Márquez El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón dorado, y los pantalones sostenidos con cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía a la situación, como la mirada de los sordos. Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza. Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella. Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en el caballete de la ca...

A la deriva

  A la deriva Horacio Quiroga El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras. El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho. El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorr...

Zenón el pescador

                                                               ZENÓN EL PESCADOR Por Francisco  Izquierdo Ríos Zenón ayudaba a su padre a pescar. El cordel del anzuelo llegaba desde el río próximo a la choza, al medio de la chacra de plátanos, abierta en la selva. Era un grueso cordel de hilo semejante a los que se usan para amarrar caballos, con anzuelo grandazo que llevaba como carnada un pollo entero. El padre de Zenón arrojaba el anzuelo en una profunda poza del río y extendía el cordel por sobre las bajas ramas de los árboles hasta la puerta de su choza con una pequeña lata, confeccionada como timbre al extremo. El tintineo de esa lata anunciaba la caída de un pez y entonces, padre e hijo corrían al río y después de duro esfuerzo sacaban las presas de las aguas. Enormes peces, más grandes que un hombre. De cualqu...

Alienación

  ALIENACIÓN                        Autor: Julio Ramón Ribeyro A pesar de ser zambo y de llamarse López, quería parecerse cada vez menos a un zaguero de Alianza Lima y cada vez más a un rubio de Filadelfia. La vida se encargó de enseñarle que si quería triunfar en una ciudad colonial más valía saltar las etapas intermediarias y ser antes que un blanquito de acá un gringo de allá. Toda su tarea en los años que lo conocí consistió en deslopizarse y deszambarse lo más pronto posible y en americanizarse antes de que le cayera el huaico y lo convirtiera para siempre, digamos, en un portero de banco o en un chofer de colectivo. Tuvo que empezar por matar al peruano que había en él y por coger algo de cada gringo que conoció. Con el botín se compuso una nueva persona, un ser hecho de retazos, que no era ni zambo ni gringo, el resultado de un cruce contra natura, algo que su ve...